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 Muchas veces después de un encuentro con otra persona, pensamos: “no le debí haber dicho eso” o “le debí haber dicho esto otro”; muchas otras veces ni siquiera nos damos cuenta que la mayoría de nuestros problemas se evitarían si tan sólo escucháramos a las otras personas con atención. 

La comunicación es imprescindible para la vida, y la sabiduría en manejar los tiempos de escuchar, hablar y callar es fundamental para una buena comunicación. Y en la Biblia encontramos esta sabiduría. En el nuevo testamento, el apóstol Santiago nos escribe de la importancia de cuidar nuestra comunicación para no cometer errores que pueden dañar, o incluso destruir nuestras relaciones:

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:20).


Lo primero que llama la atención es la actitud del mensaje. El apóstol se dirige a sus “amados hermanos.” Él aprendió de Cristo el amor como premisa para toda relación humana. Su mensaje nos revela que buscar sabiduría en nuestra comunicación es un acto de amor hacia nuestro prójimo, hacia nosotros mismos, y sobre todo, uno que honra a nuestro Creador. 


La sabiduría de su mensaje se concentra en tres puntos: ser prontos para oír, tardos para hablar, y tardos para airarnos. Santiago sabía que nuestra tendencia natural es opuesta: somos prontos para airarnos, lo que nos conduce a hablar sin pensar, y lo último que hacemos es escuchar. Y sabemos, porque es experiencia compartida, que el hablar con ligereza puede ocasionar daños terribles tanto a los demás como a nosotros.


Uno de los libros que más sabiduría contiene acerca del trato con nuestro prójimo es el libro de Proverbios. Entre los muchos pasajes que se enfocan en el área de la comunicación, acerca del escuchar nos revela: “el que escucha la corrección tiene entendimiento” (15:32b). El escuchar los comentarios que nos hacen quienes nos rodean es prudente, y el acoger los consejos nos permite crecer como personas. Lamentablemente, no siempre nos enfrentamos a críticas constructivas. Las escrituras nos llaman la atención acerca de este punto: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.” (Prov. 12:18). Las palabras que son como golpes de espada no son sabias, si no que destruyen las relaciones. La Biblia nos enseña a ser conciliadores, y a enfocarnos en ayudar a nuestros pares a encontrar soluciones que los beneficien a ellos y a quienes los rodean. Si somos atacados de manera injusta, nuestra actitud debe ser una que “baje las revoluciones” y permita un diálogo productivo. Por último, acerca de callar, el libro de Proverbios nos indica: “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido.” (17:28). Muchas veces es más sabio callar que hablar. No se trata solamente de parecer ser más sabios, sino que cuando callamos somos entendidos: comprendemos que la situación merece meditación, que necesitamos un tiempo para pensar, para pedir consejo y así poder dar una respuesta adecuada, guiada por el amor y no por el calor de las circunstancias.


Para mi al menos, saber esto no es suficiente. Por eso tomo consejo de la experiencia de muchos, que he comprobado en mi vida, de que la lectura de la Biblia acompañada de oración hace milagros. En mis oraciones le pido al Señor que me enseñe a escuchar, a hablar con sabiduría y a saber cuando callar. Mis relaciones han mejorado desde entonces, pero voy a seguir pidiendo por ello. ¡Es un acto de amor!
 


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