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Encontré  esta historia sobre  el dolor y la vergüenza que causó un hijo mimado a su madre...

Una Mujer de 55 años visitaba a su hijo de 23 en la cárcel. Estaba allí por homicidio culposo, por haber atropellado a un niño al entrar a alta velocidad en una calle en sentido contrario, tratando de escapar de una patrulla que lo perseguía, por haberse pasado un disco pare...


 
 
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El cartero extendió el telegrama. José Roberto le agradeció y, mientras lo abría, una profunda arruga surco su frente. Una expresión de sorpresa más que de dolor. Palabras breves y precisas: - Tu padre falleció. Entierro 18 horas. Mamá.
José Roberto continuó parado, mirando al vacío. Ninguna lágrima, ningún dolor. ¡Nada! Era como si hubiera muerto un extraño. ¿Por que no sentía nada por la muerte del viejo?
 
Como un torbellino de pensamientos confusos, avisó a la esposa, tomó el bus y se fue, venciendo los silenciosos kilómetros de ruta mientras la cabeza giraba a mil. En su interior, no quería ir al funeral y, si estaba en camino era sólo para que la madre no estuviera más triste. Ella sabía que padre e hijo no se llevaban bien.