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Cuando en nuestras conversaciones está continuamente presente la frase “No es justo”, eso indica dos cosas: que todavía no hemos aprendido el camino del Señor y que todavía no andamos en victoria. ¿Con qué frecuencia decimos “no es justo”?

-          ¡Yo merezco de la vida algo mejor!
-          Odio mi empleo…otros tienen mejores empleos. Trabajan menos y les pagan más. ¡No es justo!
-          ¿Por qué tengo yo siempre que escatimar cada centavo, cuando a otros les sobra el dinero? ¡No es justo!
-          Yo me vi privado de una niñez feliz. ¿Por qué lo permitió Dios? ¡No es justo! ¡Dios no es justo!
-          ¡Yo no ando bien vestida como mis hermanas! ¡No es justo!
-          Soy demasiado alto, demasiado bajo, demasiado gordo, demasiado flaco. Tengo una piel horrible, y así tengo el pelo, los ojos, etc. Mi nariz es demasiado grande. ¿Por qué no tengo una apariencia diferente? ¡No es justo!
-          Yo estaba en lo correcto y aquel otro estaba equivocado. A él lo elogiaron y a mí me humillaron. No hay justicia. ¡No es justo!
-          Yo sentí que el Señor me mostraba algo. Yo fui sincero pero luego todo salió mal. Dios dejó que yo me equivocara. ¡No es justo! Dios no es justo. Si de eso se trata… yo renuncio.
-          ¿Por qué permite Dios que esta situación continúe, cuando yo sé que Él la puede cambiar? ¡Él no es justo!
-          Dios no me dio un matrimonio feliz. Me defraudó. Dios me falló. ¡Dios no es justo!
-          ¿Por qué tiene Dios favoritos? No es justo.
-          ¡Dios no se preocupa lo suficiente! Dios no es justo.
-          A mí me tocó la peor parte de la vida. ¡No es justo, Dios no es justo!
-          Yo merezco algo mejor; yo merezco: mejor salud, mejor empleo, mejor casa, mejor cónyuge, mejores condiciones, más felicidad, más justicia, más aprobación, más reconocimiento, más dinero.
 
¡La verdad es que ni siquiera merecemos lo que tenemos!
Debemos comprender lo siguiente:
Que la frase “¡No es justo!” es realmente un ataque contra el Señor, Proveedor y Pastor de nuestras almas. Es en realidad decir: “Dios no ha sido justo pues no ha cuidado bien de mí. Él es insensible a mis necesidades, es duro y despreocupado. Dios es parcial y tiene favoritos. Dios es bueno con unos y despreciativo con otros. Dios es irresponsable”.
Estas quejas revelan problemas del corazón que no han sido tratados, y que muestran que no estamos viendo la vida desde una perspectiva bíblica. Cuando un cristiano se lamenta continuamente de injusticias, ¡Demuestra que no anda en victoria! Es precisamente por causa de estas quejas que no hemos recibido el favor de Dios (Números 11:1). Dios quiere perfeccionar en nosotros un excelente espíritu de agradecimiento.
 
El quejarse revela lo siguiente:
 
1- Que no se tiene gratitud: En lugar de dar gracias a Dios por el gran número de cosas buenas, el quejumbroso se concentra solamente en aquello que todavía desea. Cierta vez me dijo una mujer: “Dios me ha fallado. No me ha dado un matrimonio feliz”. ¡Cuán grave es expresarse así de Dios! Reflexionando sobre la afirmación de ella, veo que tenía seis niños bellos, comida abundante sobre la mesa, todos sus hijos gozaban de  buena salud, y tenía la esperanza de la vida eterna…así como diez mil otras bendiciones.
Las Escrituras dicen: “Cada día nos colma de beneficios” (Salmo 68:19) y “Sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lamentaciones 3:22-23). Aparte de todas sus bendiciones, Dios no nos dio el castigo que merecíamos (Salmo 103:10). La queja es una actitud que indica que Dios me debe algo; que no me ha tratado con justicia. El hombre se olvida de todo lo que le debe a Dios. La queja demuestra hasta donde llega la ingratitud del hombre.
2- Que nos falta contentamiento: El gozo es el resultado de estar plenamente satisfechos con la presencia de Dios, no con las abundantes bendiciones materiales. David había encontrado “plenitud de gozo” en la presencia de Dios (Salmo 16:11). ¿Podemos nosotros ser felices con Jesús solamente? ¿O están nuestros corazones fuertemente apegados a las cosas terrenales- una linda casa, ropa de moda, éxito? ¿Tiene usted el corazón extremadamente ligado al amor humano? Una de las mayores causas de la tristeza es el problema de este tipo de amor. Muchas veces se trata de idolatría. Cuando se rinde culto al amor humano, ello no produce ningún gozo porque el “ídolo” no tiene vida. Pablo aprendió a contentarse en cualquier situación que Dios le presentara (Filipenses 4:11). David dijo: “Delicias a tu lado para siempre” (Salmo 16:11). Si dejáramos que Dios nos menguara hasta el Salmo 27:4, encontraríamos el mismo contentamiento y plenitud que David y Pablo descubrieron.
3- Que nos estamos comparando con los demás: Dios nos indica no hacer comparaciones (2 Corintios 10:12). Cada vez que hacemos lo que Dios dice que no hagamos, estamos en problemas. Si dejáramos de compararnos con los demás, nos evitaríamos mucho dolor. “El hacer comparaciones” es una falta grave en el hombre. Al ver a los demás, suponemos que debemos tener lo que ellos tienen. Cuando no podemos tener lo que es ajeno, lo llamamos “injusticia” y nos enojamos. Pero quizás el poseer los bienes que otros tienen nos perjudicaría. Quizás hasta sería nuestra ruina. La única persona con quien debemos compararnos es con Aquel que es la principal piedra del ángulo, el Señor Jesucristo.
4- Que estamos criticando a Dios y a su sabiduría: Tanto los redimidos como los no redimidos critican a Dios. El hombre se queja constantemente de la forma en que Dios lo ha diseñado, lo ha guiado, lo ha dotado y ha permitido que sucedan las circunstancias en su vida. Los israelitas fueron muy culpables de esto y, en consecuencia, no encontraron el favor de Dios (Hebreos 3:7-11). ¡Ellos no tuvieron parte en los planes que Dios había trazado para sus vidas! Cuando apuramos a Dios, lo estamos criticando (“Señor, como te demoras”) Es insensato criticar a Dios por la forma en que nos diseñó (Isaías 45:9). Dios nos hizo exactamente como somos, con un propósito (ver Salmo 139). Dios usa los defectos físicos para desarrollar una gracia especial y un mensaje especial en nuestras vidas. Dios puede quitar un problema cuando éste no le sirve más para cumplir un propósito divino.
5- Que no estamos viendo la vida desde la perspectiva de Dios: Nos quejamos cuando no entendemos sus caminos. El quejarse continuamente de injusticias pone de manifiesto que no entendemos los caminos de Dios. Cuando sí los entendemos, apreciamos la verdad de  que  la  adversidad  está  obrando  para  nuestro bien.  El  problema  es  nuestro siervo (2 Corintios 4:17; Génesis 45:4-8; 50:20). José pudo ver hacia atrás a todas las injusticias de su vida y decir… “Dios lo hizo para bien”. Las injusticias llevaron a José hasta el trono.
6- Que ponemos en segundo lugar el ser conformados a la imagen de Cristo: El hombre que tenga como meta ser conformado a la imagen de Cristo tiene una sabiduría dada por Dios. Este hombre discierne la mano oculta de Dios en las dificultades y fastidios de la vida. Él  entiende que Dios tiene un propósito para todo. Por lo tanto, en lugar de quejarse de los problemas, él los agradece (1 Tesalonicenses 5:18). Por otro lado, las personas que no han hecho un compromiso y que andan a la búsqueda de una vida fácil, constantemente se quejan de sus circunstancias. No pueden ver que de la adversidad puede resultar algún beneficio.
7- Que nuestros pozos están obstruidos: El quejarse es un ataque contra Dios. El quejarse diminuye toda nuestra fe y todo nuestro gozo. El quejarse significa que no estamos agradecidos y que no hay un cántico para el Señor en nuestros corazones. La incredulidad y la queja están ligadas la una y la otra. La queja es algo que Dios aborrece (Ver Números 11:1).
 



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